sábado, 2 de abril de 2016

A China sin palo selfie. Día 1

Mi hijo, un compañero suyo y el que les habla nos hemos embarcado en un viaje a China. La idea es recorrer el este de norte a sur utilizando trenes para nuestros desplazamientos y tratando de ver algo de este inmenso país en los 15 que disponemos. 
La primera sensación cuando empezamos a preparar el viaje es la de una cierta frustración, ya que cuantos más libros y guías consultamos, más se llega al convencimiento de que va a ser imposible visitar muchos sitios que parecen interesantísimos. Pero hay razones para ver el vaso medio lleno, así que nos concentramos en lo positivo y olvidamos las frustraciones. 
Mi primera etapa fue el viernes 1 de abril, después de medio acabar toda la tarea que quería dejar lista para poder marcharme tranquilo, tomé el AVE Sevilla - Madrid para pasar la noche en el piso que comparte mi hijo con tres compañeros de trabajo, uno de los cuales, Pedro, es el compañero al que me refería antes y que también viene con nosotros. A los que conocen dicho piso, les alegrará saber que he superado dicha experiencia de supervivencia extrema. Para los que no tengan el gusto de conocer dicho lugar, solo les diré que Diógenes era un mero aficionado. 
Mi hijo con reparaciones de última hora en su equipaje.

En cualquier caso, no hemos dormido en toda la noche ya que teníamos un taxi a las 5 y hemos pasado un buen rato instalando y configurando varias vpn para podernos comunicar desde detrás de la Gran Muralla (buscad en Internet y veréis que es necesario). 

El resto de la tropa (un tanto destrozada, pero animosa).

Ahora estoy en el aeropuerto de Múnich, esperando el vuelo hasta Beijing. 
Continuará.

domingo, 10 de mayo de 2015

La importancia de una guerra

Dentro de unos días (al menos para el que esto escribe) vuelvo a cruzar el Atlántico por quinta vez en lo que va de año y algo que seguro que no se me olvidará en mi equipaje son mis auriculares que cancelan el sonido ambiente: son algo realmente maravillosos para viajar, sobre todo en los viajes largos y te reducen en mucho la fatiga que el continuo ronroneo, por llamarlos de alguna forma, de los motores produce y hace que llegues llegues al otro lado del charco tan fresco como viajar como sardinas en lata permite. Lo curioso es que esos auriculares recogen las ideas que se desarrollaron para permitir comunicaciones seguras entre diversos líderes de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial.
"SIGSALY" de http://www.nsa.gov/public/publi00007.cfm, originlamente publicada en  http://en.wikipedia
Aunque parece ser que han conseguido miniaturizar un poco todo el sistema si nos atenemos a la imagen de arriba. Efectivamente, el sistema SIGSALY lo que hacía era añadir mucho ruido de forma artifical a las conversaciones telefónicas que mantenían Roosevelt, Eisenhower, MacArthur y Churchill (estos eran los que tenían acceso a las unidades instaladas, por cierto, el de Churchill estaba en el sótano de unos grandes almacenes), ese ruido hacía imposible entender lo que se hablaba excepto si disponías exactamente la información de dicho ruido, en cuyo caso podías aislar la auténtica conversación eliminando dicho ruido. Era distinguir la señal del ruido según Claude Shannon, uno de los teóricos del sistema y padre de la teoría de la información. En el mismo proyecto participaron gente como el propio Alan Turing y todo él estuvo muy entroncando con el nacimiento de los primeros ordenadores.
Mi pequeña maravilla viene a hacer lo mismo: recoge el sonido ambiente y me lo anula para mis descanso y así poder aislarme durante las horas que dura el viaje.
Todo esto se me ha venido en mente porque alguien preguntó en Twitter cuál era la guerra más importante que ha existido:


Un alumno de ella (seguidla, es una persona muy interesante) decía que la Segunda Guerra Mundial es la más importante porque es la que mayor número de muertos ha tenido y ella, con toda la razón, decía que le parecía un argumento muy simplista y pedía ayuda al respecto. La gente le ha dado todo tipo de respuesta para tratar de evitar de decir lo que todos pensamos: la Segunda Guerra Mundial ha sido la más importante, y no es despreciable el argumento de los millones de muertos que causó. Pero también el desgarro de las atrocidades cometidas, como estas están más documentadas que en ninguna otra guerra, la lucha ideológica que supuso y cómo cambió la forma de pensar durante varias generaciones.
Pero no son esos los argumentos que yo quiero utilizar, mi opinión es que la Segunda Guerra Mundial cambió como ninguna otra la vida de todos los habitantes del planeta como ninguna lo ha hecho y que sus efectos perduran más de lo que han perdurado los efectos de ninguna otra y seguirán estando presentes durante muchos años.
En todas las guerras, aunque siempre se destaca el valor y el arrojo, la tecnología ha jugado un papel predominante, no son pocos los ejemplos en los que un ejercito tecnológicamente superior se ha impuesto debido a dicha ventaja (y son muy pocos los que el factor decisivo fuera la valentía de unos pocos). Pero en la Segunda Guerra Mundial la importancia que se le dio a la tecnología alcanzó cotas desconocidas hasta entonces. Multitud de inventos, desarrollos, tecnologías y hasta ciencias completas deben mucho al esfuerzo desarrollado durante dicha guerra en la que nacieron los primeros ordenadores, pero no solo eso: la investigación operativa, la criptografía, la meteorología, la ciencia de la información que hemos mencionado antes y un largo etcétera deben mucho al esfuerzo bélico. Y todas ellas son disciplinas que nos afectan en nuestro día a día (en alguna medida, todas están presentes en nuestros teléfonos, por ejemplo), que nos permiten que el trafico aéreo sea más seguro gracias a los radares y más rápido gracias a los motores a reacción (a chorro que se decía cuando yo era pequeño). Podría hacer una lista mucho más grande, pero repito: no creo que ninguna guerra se acerque en los cambios que la Segunda Guerra Mundial ha supuesto en el día a día de todos los habitantes del planeta setenta años después de finalizada.
Naturalmente, no digo que esos avances no se hubieran producido sin la guerra, pero sí es evidente, tal y como queda de manifiesto en la fantástica biografía de Turing por Andrew Hodge, que el esfuerzo bélico supuso que se eliminaran muchas trabas burocráticas y que se destinaran muchos recursos al desarrollo de avances científicos y tecnológicos que una vez terminada la guerra no recibieron tanto apoyo.
Tampoco trato de justificar la bondad de una guerra en la murieron tantos millones de personas y en la que se cometieron tantas atrocidades, al fin y al cabo, la guerra que más impacto te causó es aquella en la que perdiste a la persona que amabas y nada puede compensar dicha pérdida.
Y recordemos lo que dijo Albert Einstein (sí, parece ser que esto sí lo dijo de verdad él): «No sé qcon qué armas se luchará en la Tercera Guerra Mundial, lo que sí sé es que en la Cuarta se luchará con piedras y palos»,

viernes, 10 de abril de 2015

Evento Ciencia Jot Down 2015

El autor de este blog junto a sus amigos Ángel Fernández (de Jot Down), Enrique Fernández Borja (autor de Cuentos-Cuánticos), Carlos A. García Vallejo (todavía no es autor de nada, pero cuando lo sea va a merecer mucho la pena) y Clara I. Grima (autora de muchas cosas, aquí hay referencia a ellas), nos hemos embarcado en la segunda edición del Evento Ciencia Jot Down. Que, al igual que en la pasada edición tiene dos componentes: una el Evento en sí, con charlas, mesas redondas, etc. y otra un premio de divulgación o narrativa científica.

¿Por qué lo hacemos? Pues como decimos en el preámbulo de las bases:

Estamos convencidos de que es necesario acercar la ciencia a la sociedad, la ciencia es parte de la cultura y un pueblo mejor informado es un pueblo más libre, a eso se le suma que las naciones que más invierten en ciencia, a medio plazo obtienen una clara compensación por dicha inversión.
Naturalmente, ello implica que tenemos que hacer la ciencia más accesible a los no profesionales y concienciar los de la importancia que tiene, por ello es tan importante la labor de los divulgadores científicos. Dicha labor no siempre se ve recompensada, más bien todo lo contrario en muchos casos, ya que las instituciones habituales en las que se investiga (universidades, centros de investigación, etc.) no tienen canalizados métodos que premien la divulgación y, por tanto, esos trabajos se suelen realizar al margen de las tareas habituales y en ciertas condiciones de “clandestinidad”.
Pero hay otra razón oculta y que hasta ahora no nos habíamos atrevido a confesar: lo hacemos porque nos gusta, porque disfrutamos con ello y nosotros somos los primeros en aprender y divertirnos. Cuando en nuestras reuniones no sabemos cómo hacer algo cuando tenemos dudas entre dos o más opciones, siempre lo resolvemos con la misma regla: ¿cómo nos va a gustar más a nosotros? Puede que sea egoísta por nuestra parte pero, al fin y al cabo, es la única compensación que vamos a recibir por nuestro trabajo..., bueno, eso y la compañía de tanta gente como la que se acercó al evento del año pasado.

Por ello, siguiendo con nuestro egoísmo, os animamos a venir a Sevilla los días 12 y 13 de junio, a participar el concurso. Si hicierais ambas cosas ya no cabríamos en nos de gozo.

Toda la información del evento la podéis encontrar en http://ciencia.jotdown.es/ pero nos gustaría destacar unos cuantos puntos:

  • Fechas: 12 y 13 de junio.
  • Lugar: Salón de actos de ETSI Informática
  • Fila 0: hay una fila 0 que da derecho, entre otras cosas a la cena del viernes (con todos los invitados: mucha gente interesante).
  • Es obligatoria la inscripción.
  • Concurso: un premio de 1000€ y otro de 500€


lunes, 31 de marzo de 2014

Nuestra lucha contra el "cuñadismo"

Un teorema matemático varias veces redescubierto (incluso hay quien afirma que existe una versión en algunos antiguos papiros egipcios de la dinastía XXII) afirma:

Teorema: Para toda familia F existe una constante k, tal que para toda reunión familiar con más de k miembros de F, existe siempre al menos un cuñado. 

Somos muchos los que estamos preocupados con el auge del "cuñadismo" que a todos nos asola, es por ello que algunos hemos decidido luchar contra semejante plaga. Esa lucha la concretamos mediante una serie de actividades de difusión de la cultura científica, porque en el tema científico los cuñados suelen patinar algo más que en política, economía o deportes. Desde octubre de 2013 nos embarcamos en Ciencia en Bulebar: la idea era dar unas charlas divulgativas en un bar de copas y así acercar la ciencia a la sociedad. Está comprobado que el índice de cuñados en este tipo de charla es próximo a cero.

Clara y Enrique justo antes de una charla de este último.
Carlos expectante antes del comienzo de una charla. 
Todos los de Ciencia en Bulebar
El éxito de Ciencia en Bulebar se nos ha subido a la cabeza y nos hemos embarcado en un nuevo y más ambicioso proyecto: intentar montar uno de los mayores eventos de divulgación científica de este lado de Despeñaperros. Gran parte de la culpa es de Ángel Fernández, director de Jot Down, que está tan loco o más como el resto de nosotros. Ese evento tendrá dos vertientes: por una parte la convocatoria de unos premios de narrativa científica (dos categorías: divulgación y ficción, 1.000€ de premio cada una) y después, coincidiendo con la entrega de premios, organizamos un gran certamen con charlas, mesas redondas y algunas cosas más.
Ángel escucha embelesado a alguien del público en una conferencia.
Toda la información la podéis encontrar en esta página, pero hago un resumen:

  • Concurso: dos modalidades (divulgación y narrativa científica), un premio de 1.000€ para cada modalidad. Finalia el plazo el 15 de mayo.
  • Evento: 13 de junio por la tarde, 14 de junio por la mañana, en la ETSI Informática de la Universidad de Sevilla.
  • Inscripción (en la página del evento): gratuita y, además da la asistencia a todas las charlas y mesas redondas os entregaremos un lote constituido por un libro y un número de la revista Jot Down.
  • Fila 0: hemos creado una fila 0, por 50€ tendrás derecho a otras sorpresas y estás invitado a la cena a la que asistiremos organizadores y "charlantes" la noche del viernes 13. ¿Qué mejor ocasión para pasar una velada agradable con gente interesante?

Así que os animo a escribir vuestras entradas para el concurso y a inscribiros para el evento.

viernes, 21 de febrero de 2014

La belleza (y las matemáticas)


O Binómio de Newton é tão belo como a Vénus de Milo.
O que há é pouca gente para dar por isso.

óóóó---óóóóóó óóó---óóóóóóó óóóóóóóó

O vento lá fora. 


El binomio de Newton es tan bello como la Venus de Milo
lo que hay es poca gente que se de cuenta
óóóó---óóóóóó óóó---óóóóóóó óóóóóóóó
El viento fuera

Álvaro de Campos (heterónimo de Fernando Pessoa).


Fuente

En una conversación en G+ entre mis queridos Luis Tarrafeta y Elsa  Bornay (sí hay vida en G+, lo que ocurre, como en todo, que hay que seguir a la gente interesante de esa red y no a los interesantes de otras redes) se hablaba sobre la apreciación de la belleza en las matemáticas. Esa conversación surgía a propósito de la noticia que ha surgido de un estudio que trata de ver la reacción de matemáticos ante fórmulas consideradas bellas, de dicho estudio se hacía eco Antonio Martínez Ron (aka Aberron) aquí.

Creo que el gran Pessoa da en el clavo al afirmar que la fórmula del binomio de Newton es muy bella, pero que la mayoría de la gente no está preparada para apreciar su belleza. La belleza tiene asociado un importante componente cultural, lo que a ciertos pueblos le parece bello, otros lo pueden encontrar deleznable y, cuanto más abstracto es un arte más "entrenamiento" hace falta para apreciarlo. Para apreciar la belleza necesitamos antes aprender ciertos conceptos: recorrer cierto camino. Existe un libro maravilloso titulado "El impacto de lo nuevo: el arte en el siglo XX" de Robert Hughes (basado en una serie de televisión) que precisamente trata de guiarnos en dicho camino si pretendemos apreciar las distintas manifestaciones artísticas del siglo XX. Puede que se tenga que hacer algo parecido para que se llegue a apreciar la belleza de las Matemáticas.

En ese sentido, existe un libro precioso "Proofs from THE BOOK" de Martin Aigner y Günter M. Ziegler (está traducido por si a alguien le interesa y no quiere leer el original) que recoge, siguiendo una idea de Paul Erdős, resultados matemáticos que tienen el denominador común de su especial belleza, pero, me temo, que para apreciar dicho libro hay que tener una importante base matemática. Naturalmente, existe una importante labor de divulgación para todos los públicos que es fundamental para ir creando esa base en capas más amplias de la población. Me consta, por su cercanía, que uno de los motores de Clara Grima es ese precisamente.

Por mi parte puedo asegurar que, a veces, ante la contemplación de una demostración me he quedado extasiado al igual que cierto anochecer en la cubierta de un barco anclado en El Pireo no puedo reprimir las lágrimas ante la contemplación del Acrópolis iluminado por los últimos rayos de Sol del día. Pero creo que es más fácil apreciar la belleza de ciertas fórmulas, algo simple y profundo ha de poder ser apreciado por un público más amplio que aquello que requiera un ejercicio mental y entrenamiento más profundo. Así, me voy a ir al ejemplo más simple: la identidad de Euler: 
$$e^{i \pi }+1=0$$


En dicha identidad aparecen los cinco números más significativos de la matemática ($e$ es la constante de Euler o de Napier y aparece asociado como la solución de muchos problemas de crecimiento en física, biología o economía, $i$ es la unidad imaginaria para la construcción de los números complejos, $\pi$, $1$ y $0$ creo que no merecen más explicación) ligados por las operaciones más elementales: suma, producto y exponenciación. ¡Una sola identidad reúne a los cinco números y a las tres operaciones más importantes de una disciplina! ¿Cabe mayor belleza (y no me refiero a la de la señorita que no ha podido por más que grabársela en su espalda)? 

jueves, 10 de octubre de 2013

Cuando el sabio señala la Luna

Fuente
Cuando el sabio señaló la Luna, el necio se fijó en el dedo.

Pasó un buen rato (a él se le hizo eterno) hasta que se atrevió a desviar su mirada y, por fin, la bajo por su mano, aún elevada. Recorrió el antebrazo, ni firme, ni poderoso: justo el tipo de antebrazo que se le supone a cualquier sabio. Y ya no se pudo detener: brazo, hombro, subió por el cuello, barbilla, boca, a estas alturas todavía inexpresiva, nariz y acabó depositándose sobre sus ojos.

El sabio miró al necio un tanto desconcertado, pero (recordemos que era sabio), pronto se percató de todo, leyó en esos ojos que lo examinaban y su boca, antes inexpresiva (considérese esto una deferencia a mis lectores más desmemoriados) se transformó en una sonrisa cómplice.

Ha pasado mucho tiempo, pero a ambos, al sabio y al necio, de vez en cuando les gusta mirar juntos a la Luna y recordar el principio de su historia.


Este microrrelato ha sido (muy) inspirado por este fantástico tuit:

viernes, 4 de octubre de 2013

Que treinta años no es nada

Sí que lo son y justamente esos son los años que acabo de cumplir en la Universidad de Sevilla como profesor. Al comentar esto en las redes sociales que frecuento (Twitter y G+) alguien me dijo que por qué no escribía algo sobre el tema y parece que me estoy animando a ello: veremos qué sale.

Orgullos después de ganar un torneo de fútbol sala el mismo año que entré de profesor en la universidad (yo soy el rubio segundo por la izquierda de la fila de abajo).
Evidentemente, la universidad ha cambiado mucho en estos treinta años (y yo también ¡ay!), cuando yo entré en octubre del 83 se acababa de aprobar la LRU que supuso el cambio de la universidad franquista, aislada y concentrada en la repetición de unos conocimientos posiblemente inútiles y, desde luego, no originales a la universidad actual con la creación de los departamentos y dándole gran importancia a la investigación que hasta entonces era algo meramente anecdótico. Como sería imposible relatar aquí tanto cambio, me limitaré a unas cuantas pinceladas de la universidad que me encontré cuando recién licenciado pasé a dar clase a muchos de los que poco antes eran mis compañeros:

De hecho, la primera anécdota ya la he contado en G+: hoy en día son normales (¿o eran?) los viajes para asistir a congresos, reuniones con otros colegas, etc. Nada de eso era muy común por aquella época, al menos no en universidades periféricas como Sevilla. Se ha de pensar que si andamos otros treinta años atrás en el tiempo, la única universidad española autorizada para impartir estudios de doctorado (y expedir dicho título) era la de Madrid y poco habíamos cambiado desde entonces. Así el primer viaje que hice como profesor, fue a París, en coche y, naturalmente, pagado de nuestros bolsillos (los proyectos, ayudas, etc., tardarían unos cinco años en llegar por nuestros lares). El motivo del viaje hoy suena extrañísimo: fuimos a recorrer hemerotecas universitarias para fotocopiar artículos a los que no teníamos acceso desde Sevilla. Como suena: hicimos cerca de 4.000 km para hacer fotocopias.

Después de transcurrido el primer año me casé. El viaje de bodas fue un tanto especial: a la facultad de matemáticas a escribir mi tesina (entonces era normal entrar recién licenciado y se hacía la tesina, una especie de tesis de máster en el lenguaje actual, el primer año después de la licenciatura). La pobre recién casada se venía conmigo y me dictaba desde las 9 de la mañana hasta las 9 de la noche (sábados y domingos incluidos), hora en la que volvíamos a casa para preparar la comida del tuper del día siguiente. Naturalmente, se quedaba dormida mientras me dictaba alguna de las propiedades garantizaban la unicidad de los grupos de homología: no se lo culpo.
Las "bolas" de IBM (vista la foto, se me acaba de ocurrir
un híbrido entre dichas "bolas" y otras que tienen el apellido
de "chinas" que igual es un negocio y sirve para reciclar
este producto ya en desuso: todo sea por la ecología).

La escritura de trabajos científicos en dicha época era algo realmente penoso, los medios más modernos de los que disponíamos eran de máquinas de escribir Olivetti o IBM a las cuales se les podía cambiar manualmente "la fuente" de letras (una margarita en el caso de Olivetti, una bola para IBM): teníamos una margarita (en el caso de la tesina utilicé una Olivetti) para el alfabeto latino y otra para las letras griegas que teníamos que cambiar cada vez que aparecía una letra griega (cada dos renglones como mucho, en el caso de mi tesina), los subíndices y superíndices bajando y subiendo el carro.

Mi tesis, cuatro años más tarde, supuso un gran avance en este sentido: fue la primera tesis escrita con un procesador de texto(?) en la Universidad de Sevilla. Pero las cosas no eran tan sencillas: utilicé lo único que existía en aquel momento: runoff. Dicho procesador lo único que hacía era paginar y justificar el margen, así que las dificultades principales eran tres: no tenía distinto tipos de fuentes (no disponíamos de las esenciales letras griegas), no consideraba ni subíndice ni superíndices y además no contábamos con impresoras adecuadas. Para la solución (igual "solución" es una palabra excesivamente optimista como se verá) de estos problemas conté con la inestimable ayuda de mi amigo Luis Narváez: se hackeó el runoff de tal forma que si escribíamos un símbolo especial dejaba espacios en blanco en vez de escribir todo lo que estaba entre dichos símbolos en una primera pasada y en la segunda dejaba en blanco todo salvo lo que estaba entre dichos símbolos, por último, disponíamos de una IBM de esas de "bolas" conectada como impresora. Así el proceso de impresión era el siguiente: poníamos una hoja en blanco en la máquina de escribir y se imprimía todo el texto "normal", volvía a meter la hoja y se escribían los subíndices, una tercera para los superíndices y una cuarta después de cambiar la bola, para las letras griegas. Naturalmente, todo esto había que hacerlo con un cuidado exquisito, ya que, en caso contrario, el papel se desplazaba y no imprimía las cosas donde debían. Entre unas cosas y otras la impresión de una página nunca tardaba menos de 15 minutos.

Mirado en perspectiva, fueron buenos tiempos, teníamos poco, pero cada día se mejoraba algo, trabajábamos mucho (era raro el domingo en el que no íbamos a la facultad), pero disfrutábamos con lo que hacíamos y poco a poco, los tres "topólogos" (Antonio Quintero y Rafael Ayala eran los otros dos, ambos cinco años mayores que yo) fuimos consiguiendo viajar, contactar con gente y hasta acabamos consiguiendo dinero para ello.
De izquierda a derecha: Eladio Domínguez (mi director de tesis, mi maestro), Antonio Quintero, Tim Porter (el primer contacto internacional que tuvimos), Rafael Ayala, Luis Javier Hernández y un servidor en la puerta de matemáticas en Zaragoza. 

Para no alargarme más: ¿cuál es mi resumen de estos treinta años?
A nivel personal, me ha permitido cuatro cosas fantásticas:
1) He disfrutado dando clases a mis alumnos, nunca he percibido eso que dicen algunos de la desidia de la juventud actual, ni su falta de preparación, ni nada por el estilo; me lo paso bien con ellos, entonces (que salía de copas con ellos después de las clases) y ahora (que nos tuiteamos antes, después y, a veces, durante las clases).
2) He viajado. Gracias a la universidad he sido invitado a dar conferencias en universidades de los cinco continentes. He conocido lugares maravillosos casi siempre de la mano de amigos locales que son los que te pueden enseñar cosas que para los turistas pasan desapercibidas.
Parte de mi familia en Nueva York cuando me vinieron a visitar durante el año sabático que pasé en EE.UU.
Con Clara Grima en la bahía de Sydney.
En Kamakura (Japón).
3) He disfrutado con una de las cosas que más me gustan en el mundo: reunirnos unos cuantos colegas y enfrentarnos a un problema con una pizarra de por medio. Algo que solemos hacer es alquilar una casa rural durante dos o tres días y ponernos a trabajar sobre un problema durante ese tiempo totalmente aislados del resto del mundo.
y 4) He conocido gente maravillosa. Gracias a todos ellos, no los voy a nombrar aquí porque son demasiados y no me quiero dejar a nadie en el tintero.
Con los cinco a los que había dirigido la tesis hasta ese momento el día que conseguí la cátedra. Desde entonces otra docena y media se ha unido al grupo.
Por último, para los que digan que treinta años no es nada: aquí estamos los mismos del equipo de fútbol de la primera foto una vez transcurridos 25 años:
Solo falta en la foto el segundo por la izquierda de la fila de atrás.