martes, 28 de julio de 2026

4 por 10000 (etapa 8 Podgorica - Sarajevo)

Al iniciar la jornada de hoy no sabíamos en qué ciudad íbamos a acabar, dependía de las fronteras, las carreteras, etc. Por el tema de las fronteras, decidimos tirar por una carretera secundaria; era muy secundaria, por ella cabía poco más de un coche de ancho y no había una recta de más de 5 metros. A cambio, los paisajes eran fantásticos y en el paso fronterizo estaba solo el aduanero, con lo cual estuvimos 5 minutos de espera todo lo más.
Ya una vez en Bosnia y Herzegovina, entramos en el país por la parte serbia: ni una bandera del país en el que estábamos y todas las del mundo de Serbia. Hasta que llegamos a Móstar, capital de Herzegobina y ciudad muy famosa durante la guerra de los Balcanes. Allí estuvieron acuarteladas las tropas españolas y existe una plaza de España y varias placas que agradecen a nuestro país en la labor de pacificación y reconstrucción.
En Móstar las señales de la guerra son aún muy visibles (también en Sarajevo, pero no tanto) y hay edificios en ruinas que no fueron reconstruidos y en muchas fachadas se pueden observar los impactos causados por balas u otros objetos más peligrosos.
Incluso se sigue conservando el llamado edificio de los francotiradores, que era un antiguo banco confiscado desde el que los francotiradores disparaban a todo aquel que se le pusiera a tiros. En este sentido, recomiendo una película buenísima: Directo al corazón.
Si se baja hasta la zona antigua (y hay que hacerlo a la vez que miles de turistas te acompañan muy amablemente), se entra en el barrio antiguo, muy bonito aunque todas las casas se han convertido en una sucesión de tiendas y restaurantes para turistas. Naturalmente, todos los caminos llevan al puente viejo, que llevaba 500 años en pie uniendo las dos partes de la ciudad hasta que una de las fracciones croatas que ocupaban la ciudad tuvieron a bien tirarlo. Fue recostruido e inaugurado hace unos 20 años. Desde lo alto del puente se tiran a veces mozos locales con la sana intención de sacar unos cuantos a los turistas morbosos que los animan con la también sana intención de ver cómo se parten la crisma.
Después de nuestra visita a Móstar nos dirigimos por una carretera preciosa encajada entre verdes montañas y con un río/lago al fondo hasta la capital del país: Sarajevo. La parte antigua de esta ciudad tiene su interés. En primer lugar, nos encontramos en el punto exacto desde el que Gavrilo Princip disparó sobre el archiduque Francisco Fernando de Austria y su esposa, la duquesa Sofía Chotek, hecho que daría lugar al comienzo de la Primera Guerra Mundial. El pobre Princip tuvo una muerte larga y dolorosa desde ese día de 1914: lo encerraron en una prisión en una celda unipersonal y estuvo hasta su muerte encadenado a una pared. Debido a la desnutrición y a la tuberculosis, murió cuatro años después del atentado. Pesaba 40 kilos.
Después de esa esquina histórica, si se gira a la derecha se entra en la parte astrohúngara de la ciudad y si se gira a la derecha en la turca. Ambas separadas (o unidas) por una línea en el suelo de la calle peatonal que las recorre.

lunes, 27 de julio de 2026

4 por 10000 (etapa 7 Atenas - Podgorica)

Hoy era una etapa dura de coche: muchos kilómetros, un par de fronteras, las carreteras albanesas y los conductores de la misma nacionalidad. Así que salimos temprano de Atenas, no sin antes comprar un café y un croissant como el comisario Jaritos. La primera parada fue en el impresionante canal de Corinto. Parece imposible que por esa estrechez puedan pasar barcos.
Una vez cruzado el canal, estábamos en el Peloponeso y fuimos bordeando la orilla sur del golfo de Corinto. Leyendo sobre la batalla de Lepanto «la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros», Cervantes dixit. Lo mejor de todo, sin duda, fue el gesto de Juan de Austria, que mandaba la flota que a la postre resultó victoriosa: en el castillo de proa de su navío y, para motivar a la Liga, bailó una gallarda española al son de las flautas con otros dos caballeros. PEstá claro que después de tan magna muestra de virilidad la suerte estaba echada. Tirana, capital de Albania, nos ha parecido la más occidental de las capitales de los Balcanes que llevamos recorridas hasta el momento. Estos días la ciudad está viviendo muchas manifestaciones, por lo que la presencia policial era abrumadora. También destacable es que comimos muy bien por casi nada.
De nuevo el coche, otra forntera y hemos llegado a Pogorica, capital de Montenegro. ciudad muy agradable y con un centro muy animado. En las pocas horas que la hemos podido disfrutar nos ha parecido un sitio en el que podría uno vivir. Rematando lo empezado con el desayuno y la comida, la cena un bocadillo de ćevapi en un pan tradicional montenegrino (lepinja), acompañado de salsa y algo de vegetales ha sido todo un éxito.
Una cuestión no menor de nuestro alojamiento en Podgorica es que en el salón había una puerta en el suelo, al abrirla aparecía una escalera casi vertical que llevaba a una especie de zulo que constituía la tercera habitación del sitio. Alberto durmió allí.

domingo, 26 de julio de 2026

4 por 10000 (etapa 6 Atenas)

Primer y único día en el que no nos movemos de nuestra base y objetivo final de nuestro viaje. Aunque realmente el objetivo era el viaje en sí. A primera hora, después de repetir el desayuno de todos los días de mi admirado comisario Jaritos (serie de novelas de Petros Markaris): café y croissant, cogimos el coche para acercarnos al centro. Tráfico nada agobiante, más bien todo lo contrario. Aparcamos cerca de la Universidad y después nos dirigimos a la plaza Sintagma, en la que tuvimos el gusto de contemplar a mucha gente que contemplaba a unos cuantos privilegiados que veían el cambio de guardia del parlamento.
Continuamos por Plaka y calles adyacentes, como buenos turistas que, al fin y al cabo es lo que somos, hasta la hora de comer. Más suvlakis, ensaladas, aceitunas, etc. Me emocioné cuando vi una tienda de helado que vendían los de leche de cabra típicos de Creta (que visité hace 25 años) y no nos pudimos resistir a ellos: deliciosos.
Teníamos entradas para visitar el Acrópolis a las 15h., con la fresquita. Y ciertamente ha sido un éxito. Hacía algo de calor pero más que soportable y presentaba la ventaja de tener que aguantar las aglomeraciones que todo el mundo cuenta. ¿Qué se puede decir del Acrópolis que no se haya dicho antes? Pues eso, algunas imágenes para justificar mi entusiasmo:
Aunque sin duda lo mejor fue que le explicamos a Marta el tema de la razón áurea, el uso de ella en el arte griego y la repetición de rectángulos áureos en el Partenón. Ella se dedicó a sacar algunas fotos con su móvil para ilustrarlo y se acercó un tipo que le dijo que eso era una falta de respeto (sacar fotos con objetos delante), que tenía que borrarlas y se aseguró que lo hacía. Eso fue al principio de estar en lo alto del Acrópolis, el resto no quisimos intervenir mucho aunque los "argumentos" que daban el tipo cada vez nos resultaban más peregrinos. Naturalmente, en el resto de la visita fue un tema de conversación y nos fuimos calentando entre todos. Así que a la vuelta Alberto y yo (con el apoyo de Salvador) decidimos ir a buscar al tipo para decirle que mostrar las proporciones matemáticas de los monumentos griegos no eran una falta de respeto hacia la antigua Grecia, sino todo lo contrario. Naturalmente, sacamos la foto que él decía que estaba prohibidísima delante de sus narices y no se atrevió a decir ni mu. Porbre hombre, no sabía lo que era discutir contra tres Márquez que, por una vez, no lo hacían entre ellos y que se mostraban de acuerdo. Todavía debe estar acordándose de nosotros.