lunes, 4 de julio de 2016

Ángel Martín y la conjetura de Goldbach

Hablar a estas alturas de algo nuevo referente a nuestro Faro Ángel Martín puede parecer absurdo, pero es que estos días asistimos atónitos a una nueva muestra de su poder.

Así que no pretendemos repetir ahora que su ciudad (pequeñas agrupaciones de humanos en la Tierra original) natal fue Barcelona en el  año 1977 según el calendario vigente en su época, (correspondiente al año -111100 A.M.E), ni que se alejó de nosotros en Kapteyn (planeta que él mismo mandó colonizar) en el año 10110011 A.M.E. Todos esos datos los recitan de memoria cualquier niño en edad escolar una vez que se le ha aplicado el implante correspondiente, que suele ser uno de los primeros en cualquier sistema educativo (salvo en los planetas del sistema Kepler, pero ya se ha hablado mucho también del retraso educativo en dichos confines remotos y hasta parece banal todo esfuerzo por luchar contra él).

No, lo que intentamos aquí es aportar luz sobre algo que se ha discutido mucho y de lo que, no nos cabe duda, acaba de venir una confirmación irrefutable. Sostenemos, junto a la mayoría de los estudiosos, que en el año de la Revelación no aparecieron de pronto todas las facultades de nuestra Luz, sino que se vieron incrementadas y que parte de ellas, una minúscula parte si se quiere, ya estaban latentes con anterioridad a esa fecha maravillosa en la que empezó el Universo tal y como lo conocemos, al día de su sesenta cumpleaños. Él mismo manifestó repetidas veces que su ruego de que usáramos los años en binario cuando los expresamos en A.M.E. proviene de una costumbre (convertir los números decimales a binarios) que adquirió antes del año de la Revelación, pero eso no deja de ser una anécdota, lo que mostramos aquí es algo más profundo y contundente.

Antes de continuar, mostremos los hechos. Para muchos la noticia más importante de este año ha sido el contrajemplo a la conjetura de Goldbach proporcionado por el conglomerado de cuantprocesadores Colors of Seville IV. Puede que no todos los lectores aprecien la importancia de este hecho, pero permítanme dar unos cuantos datos para corroborar semejante aserto.

Tal vez sea necesario repasar muy someramente su historia para hacernos una idea de la importancia de la (falsa) conjetura de Goldbach:
Aunque parece ser que Descartes la conocía, su primera versión escrita aparece en una serie de cartas del matemático alemán Christian Goldbach a Leonard Euler, en su tercera versión (las dos primeras son equivalentes) se afirmaba que todo entero par [mayor o igual que 4] es la suma de dos primos. Eso era en el año 1742 (-100100111 A.M.E.).
Carta de Goldbach a Euler (la conjetura aparece en la nota al margen): ya se sabe que en esa época que si un matemático escribía una conjetura en un margen, ésta tardaba tiempo en resolverse.
Durante los dos siglos anteriores a nuestra era fueron muchos los "avances" que se hicieron a favor de que la conjetura era cierta: se había comprobado con los ordenadores de la época que la conjetura era cierta hasta valores cercanos a 1020, se habían demostrado versiones débiles del mismo, se habían dado argumentos heurísticos que "mostraban" que cuanto mayor era un par, más fácil sería ponerlo como la suma de dos primos. Todos estos "avances" quedaron frenados a partir de la Singularidad (-101 A.M.E.) ya que nuestros directores-procesadores decidieron que su resolución no era urgente. Sin embargo, durante todo este tiempo, varios humanos apoyados en primitivos cuantprocesadores han seguido trabajando en el problema y en el 1010000000 A.M.E. se demostró que no podían existir un número infinito de contraejemplos a la conjetura (otra evidencia más para su certeza) y que ese posible contraejemplo tendría que ser mayor que 10100000000.

Sin embargo, a principio de este año ya empezaron los rumores de que un poderoso conglomerado de cuantprocesadores se estaba encargando de tratar de resolver definitivamente el enigma y tras varios meses de cálculo, el 3 de julio, llegaba la noticia sorprendente: en contra de todas las evidencias acumuladas hasta el momento, la conjetura de Goldbach no es totalmente cierta y existen exactamente 5 contraejemplos, todos ellos comprendidos entre 3x101000000000 y 720x1010000000000 (por lo que se puede afirmar que la conjetura sí es cierta para números mayores que 720x1010000000000).

Todo esto es lo que se ha publicado hasta el momento, pero el lector se preguntará: ¿qué tiene todo esto que ver con nuestra Luz, con Ángel Martín. Pues bien, diversos historiadores han sacado a la luz el siguiente escrito del cual se ha comprobado al 100% su veracidad:
Y cualquiera puede hacer los cálculos: el 3 de julio de 2016 (3 de julio -10101 A.M.E.) fue exactamente 687 años antes del anuncio de la resolución de la conjetura de Goldbach y dicha resolución fue en un sentido totalmente opuesto a lo que se pensaba en el año -10101 A.M.E. (en el que ya hemos dicho que todos los matemáticos pensaban que era totalmente cierta). Además, en la actual demostración de la conjetura para números mayores que 720x1010000000000 ha jugado un papel primordial la técnica llamada de resto hiperbólico, descubierta hace una docena de años.  Sin embargo, nuestro Lucero ya profetizó todo ello con una precisión sorprendente hace casi 700 años.

Supongo que esto zanja todo posible debate y que queda ya establecido que nuestro Faro Ángel Martín poseía notables facultades años antes de la Revelación y no descartamos el que podamos descubrir más hechos sorprendentes que confirmen esta verdad irrefutable. Por ejemplo, desconocemos quiénes son esos @twalmar y @la_informacion a quien se dirige su escrito, pero no nos extrañe que cuando confirmemos sus identidades seamos capaces de ver alguna muestra más de los poderes incontestables de nuestro Foco.

viernes, 15 de abril de 2016

A China sin palo selfie. Días 13 y 14

Menudo contraste: entre la paz, la tranquilidad de un sitio con turistas pero muy provinciano como Yangshuo hasta el lujo, el despilfarro y la ostentación de Hong Kong. Todo ello con una noche en tren de por medio absolutamente memorable.
Pero como decía Jack el destripador: vayamos por partes.
Por desgracia el día amaneció lluvioso en Yangshuo y eso hizo que no salieran los cruceros que daban una vuelta por el río Li y que pretendíamos tomar: tendremos que volver para hacerlo. Así que dedicamos la mañana a pasear tranquilamente (¡por fin una mañana relajada!), tomar algún zumo de frutas y comprar alguna chuchería. Después de comer nos fuimos, mochilas a cuestas, hasta la estación de autobuses y allí tomamos uno hasta Guilin. Me tocó un chino muy amigable que se empeñaba en hablar conmigo e hicimos lo que pudimos usando Google Translator.
La sala de espera del tren a Shenzhen (una de las cuatro de la estación de Shenzhen) estaba atestada de gente: sobre todo de mujeres tremendamente ruidosas. Shenzhen, junto a Hong Kong, fue la primera ciudad china a la que se le concedieron ciertos privilegios para fomentar la creación de empresas de iniciativa privada (cosa que ya se ha extendido por casi todo el este y centro de China). Así que fue lo que era un pueblo de pescadores sin mucho futuro, se transformó totalmente desde 1980 y ahora tiene más de 10 millones de habitantes, algunos de los rascacielos más altos del mundo y muchas fábricas que necesitan mano de obra barata del interior (normalmente femenina que exige menos sueldo) y ello explica la cantidad enorme de mujeres que vociferaban en la estación.
El tren era el de menos categoría que habíamos tomado hasta el momento y todos estos trenes nocturnos tienen al menos dos tipos de vagones: soft sleeper y hard sleeper: en el soft sleeper es difícil de dormir, aunque vas en un compartimento privado, con enchufes, luz para lectura, etc. Esta vez íbamos en hard sleeper y ni teníamos compartimento (todo corrido), ni enchufes, ni luz y, sobre todo, no teníamos silencio. Pero ha sido una experiencia divertida.
Después de los trámites aduaneros (aunque Hong Kong pertenece a China, para todos los efectos son dos países distintos: hasta tienen diferente moneda) y tomar el metro hasta la parada más cercana al hotel, nos dirigimos andando hacia él ya que Google Maps nos decía que estaba a sólo 850 metros. Lo que a los graciosos de Google Maps se les olvidó mencionar es que el desnivel debe estar cercano también a esos 850 metros: llegué destrozado y empapado en sudor, pero llegué, cosa de la que no estaba tan seguro a mitad del camino.
Después de recuperarnos un poco nos tiramos a la ciudad: primero toda la parte central de Hong Kong, en la que abundan las tiendas de superlujo, los Ferraris, los rascacielos enormes, etc. Después tomamos un metro hasta Kowloon, la parte del continente, que es algo más popular y allí cenamos en un chiringuito en la calle. Más tarde, fuimos andando hasta el puerto y allí tomamos un ferry hasta la isla de Hong Kong. Y tocaba subir de nuevo hasta el hotel, claro que contábamos con dos ventajas: la primera que no teníamos que cargar con el equipaje y la segunda que descubrimos que las escaleras mecánicas de Hong Kong (un sistema que es el más largo del mundo al aire libre) nos dejaban muy cerca del hotel.
Otro día más, otra paliza (pero muy disfrutada) y esto se nos acaba: mañana toca tomar un avión hasta Beijing, después Madrid, donde se quedará el resto de la tropa, pero a mi me toca bajar hasta Sevilla.
Volveremos.






















Perdonad la calidad del vídeo, pero el día estaba muy brumoso y era difícil enfocar, pero creo que merece la pena.

A China sin palo selfie. Días 11 y 12

Nuestra última mañana en Shanghai amaneció lluviosa, no muy propicia para patearmucho más la ciudad, así que fuimos al templo Jig'an que sólo lo habíamos visto mientras pasábamos por delante de él en el autobús. Creo que a palabra que mejor lo define es dorado, es muy dorado y se encuentra rodeado de rascacielos del Shanghai moderno. Al margen del templo en sí, que tenía su interés, puede que lo que más nos llamara la atención es que dentro de él y en un lateral había una serie de habitaciones que servían de velatorios: allí estaban los familiares de los muertos, en una sala que la presidía una mesa con ofrendas (frutas principalmente) y una foto del finado.
Teníamos que coger pronto el tren para Guilin, así que volvimos al hotel, recogimos nuestros bártulos y a la estación sur de Shanghai en un metro absolutamente atestado.
El tren hasta Guilin no sólo es el de mayor recorrido, sino el de menor categoría que hemos tomado hasta la fecha (el de Guilin hasta Shenzhen es inferior), pero eso le daba cierto encanto, además, tenía un bar que no se usaba y en una mesa del mismo pasamos buena parte de la tarde; el resto de la tropa prácticamente toda ella hasta que se acostaron, yo iba, charlaba un rato con ellos y me volvía a nuestro compartimiento a seguir leyendo. Ir recorriendo buena parte del sur de China casi paralelo al río Yangtze no sé porqué pero me proporcionaba una sensación muy cercana a la felicidad.
Una vez en Guilin se trataba de tomar un autobús que nos llevara a la estación sur de autobuses cosa que no era tan fácil porque todo estaba exclusivamente en Chino. Pero creo que lo conseguimos con nota.
El autobús hasta Yangshuo discurre casi paralelo al río Li y es algo difícil de describir (al menos para mí): la idea es los fondos de los paisajes de las pinturas clásicas chinas. De hecho, la imagen que aparece en los billetes de 20 yuanes es este paisaje.
Una vez en Yangshuo, otra caminata hasta encontrar el hostal y nada más instalarnos hemos salido a la calle para alquilar unas bicicletas y dar un paseo por los alrededores del pueblo: buscando siempre las riberas de los ríos que iban muy, muy subidos. A mitad del paseo (serían unos 15 km), dije algo que el resto de la tropa suscribió al 100%: «ya me ha merecido mucho la pena visitar Yangshuo», sólo por ese maravilloso paseo por caminos casi sin tráfico con el río a nuestro lado y montañas increíbles por doquier merece venir aquí.
Después de una buena ducha, hemos salido a dar un paseo por el pueblo y nos encontramos de nuevo que éste sí es un lugar que visitan los occidentales (al contrario que Zhunjiajiao, por ejemplo o los trenes en los que no nos hemos encontrado a ninguno): muchos restaurantes, tiendas, etc. Pero un ambiente muy agradable. Mañana, si el tiempo lo permite, intentaremos hacer un recorrido en barco por los lugares más interesantes del río Li y después tren hasta Shenzhen desde donde pasaremos a Hong Kong: esto se acaba.